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El riesgo de impago empresarial aumenta en 2026: ¿cómo proteger las ventas a crédito?

El riesgo de impago empresarial aumenta en 2026. Solunion.

El reciente informe de Allianz Trade “Brace for Middle East spillovers” prevé que su índice global de insolvencias aumente un 6% en 2026, lo que supondría un quinto año consecutivo de crecimiento. La previsión ha sido revisada al alza por el impacto de las tensiones en Oriente Medio sobre la actividad económica, la inflación y los costes empresariales.

El escenario es desigual por países, pero el deterioro afecta a algunas de las principales economías. El informe estima aumentos del 9% en Estados Unidos, del 9% en China y del 3% en Europa occidental. Además, muchas economías afrontan 2026 desde niveles ya elevados. 

Al cierre de 2025, casi dos tercios de los países analizados registran más insolvencias que antes de la pandemia. Para 2027, Allianz Trade, uno de los accionistas de Solunion, prevé una estabilización global, pero no una vuelta inmediata a niveles reducidos. Su índice seguiría un 27% por encima de la media de 2016-2019, y en Europa occidental la diferencia alcanzaría el 30%.

¿Qué está impulsando el aumento del riesgo empresarial?

El aumento de las insolvencias responde a varias presiones simultáneas: 

  • Crecimiento más débil.
  • Costes elevados.
  • Unas condiciones financieras que continúan siendo exigentes.

La inflación puede reducir el consumo y dificultar que las empresas trasladen íntegramente el aumento de sus costes a los precios. Al mismo tiempo, unas condiciones monetarias todavía restrictivas mantienen la presión sobre la refinanciación y el acceso a liquidez, especialmente entre las pymes. 

A ello se suma el riesgo geopolítico, especialmente debido a las tensiones en Oriente Medio sobre los mercados energéticos, el transporte marítimo y las cadenas de suministro, además de sus efectos indirectos sobre inflación, financiación y confianza empresarial. 

Ahora bien, no todas las compañías están expuestas de la misma manera. Aquellas con márgenes reducidos, poco poder para trasladar los costes a precios, elevado endeudamiento o grandes necesidades estructurales de capital circulante son las más vulnerables.

España evoluciona mejor, pero el riesgo no desaparece

Según el Informe de Insolvencias Solunion, la evolución española es más favorable que la tendencia global. A cierre de junio de 2026 se habían registrado 2.678 insolvencias empresariales, un 13% menos que en el mismo periodo de 2025 y un 14% menos que en 2024.

Sin embargo, tras una caída del 24% durante el primer trimestre, el descenso prácticamente se detuvo en el segundo, con una variación interanual del -0,1%. El nivel continúa, además, por encima del observado antes de la pandemia. 

A cierre del primer semestre, el promedio móvil anual se situaba alrededor de 5.194 insolvencias, todavía claramente por encima de las cifras registradas entre 2015 y 2020. Parte del aumento desde 2022 está relacionado con la reforma de la Ley Concursal y el nuevo procedimiento especial para microempresas, un factor que debe tenerse en cuenta al interpretar la evolución.

Las empresas micro y pequeñas concentraron el 89% de las insolvencias del segundo trimestre, pero el dato más significativo aparece entre las compañías de mayor tamaño. Durante ese trimestre se registraron 34 grandes insolvencias, el doble que un año antes y el máximo trimestral de la serie analizada desde 2018. 

La facturación conjunta de las empresas afectadas alcanzó 1.481 millones de euros. El riesgo está en el posible efecto dominó: una gran compañía insolvente puede trasladar sus problemas de liquidez a numerosos proveedores de menor tamaño.

¿Qué sectores presentan una mayor exposición?

En España, servicios y construcción concentran buena parte de las insolvencias. 

  • Hasta junio, servicios acumulaba 887 concursos y construcción, 583. 
  • Entre las grandes insolvencias, construcción encabezó también el segundo trimestre con ocho casos. 

En el escenario internacional, Allianz Trade destaca especialmente construcción, comercio minorista y servicios, junto con nuevas fragilidades en transporte, maquinaria, química y otros sectores industriales.

¿Cómo afecta este contexto a las empresas que venden a crédito?

Para una empresa que vende a crédito, una insolvencia puede convertirse directamente en un problema de liquidez. Mientras una factura permanece pendiente, la empresa vendedora debe continuar pagando salarios, proveedores, impuestos y otros gastos. 

Si el cobro se retrasa o no llega a producirse, aumenta la cantidad de recursos inmovilizados en cuentas por cobrar y crece la necesidad de financiar el capital circulante. 

El impacto puede ser especialmente importante cuando existe una elevada concentración en pocos compradores. La insolvencia de un cliente relevante puede afectar a una parte significativa de la tesorería.

Además, el riesgo no termina en los compradores. Las interrupciones que pueden provocar las insolvencias de proveedores críticos también pueden afectar significativamente a la actividad de la empresa, por lo que conviene mantener una vigilancia estrecha sobre ambos extremos de la cadena.

¿Cómo proteger tus ventas a crédito ante un mayor riesgo de impago?

Un escenario de insolvencias elevadas no obliga a dejar de vender a crédito. Sin embargo, exige seleccionar mejor el riesgo y adaptar las condiciones de cada operación. Antes de conceder crédito, conviene revisar la situación financiera del cliente, su capacidad de pago, endeudamiento y comportamiento anterior.

A partir de esa información puedes ajustar:

  • El límite máximo de crédito.
  • Los plazos de pago.
  • Las garantías o condiciones adicionales.
  • El nivel de exposición a clientes concretos.

También conviene controlar la concentración de la cartera. Cuanto mayor sea el peso de un único cliente dentro de las cuentas por cobrar, mayor será el impacto potencial de su insolvencia.

¿Qué clientes requieren una vigilancia especial en 2026?

El contexto actual aconseja prestar especial atención a cuatro perfiles.

  • Por un lado, las empresas con márgenes estrechos, especialmente si tienen dificultades para trasladar a precios el encarecimiento de la energía, el transporte o las materias primas.
  • Por otro, los negocios con elevado endeudamiento, más sensibles al coste de financiación y a posibles dificultades para refinanciar sus obligaciones.
  • También requieren vigilancia las compañías con grandes necesidades de capital circulante, porque un aumento de costes o un retraso en los cobros puede elevar rápidamente sus necesidades de liquidez.
  • Finalmente, conviene observar a los clientes especialmente expuestos a energía, materias primas o interrupciones de suministro.

Cómo el seguro de crédito puede ayudarte a proteger las ventas

El seguro de crédito puede integrarse dentro de una política más amplia de gestión del riesgo comercial. Solunion combina soluciones de seguro de crédito con servicios asociados a la gestión del riesgo y una red internacional que analiza la estabilidad financiera de más de 80 millones de empresas.

Esta combinación permite trabajar sobre tres frentes: 

  • Evaluar y monitorizar la solvencia de los compradores.
  • Prevenir y gestionar el riesgo de impago.
  • Y proteger las cuentas por cobrar frente a una insolvencia.

Ahora bien, el seguro no sustituye a una buena política de crédito. El análisis previo, los límites adecuados y el seguimiento continuo siguen siendo necesarios. Su función es complementar esas medidas y reducir el impacto financiero que puede producir un impago.

En conclusión, revisar la solvencia de los clientes, adaptar límites y plazos, vigilar la concentración de la cartera y contar con mecanismos de protección frente al impago te permitirá aprovechar las oportunidades comerciales sin comprometer innecesariamente la liquidez. En un entorno más incierto, vender más y cobrar mejor deben formar parte de la misma estrategia.

Actualidad Solunion

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