La nueva escalada de los precios de la energía vuelve a situar al automóvil en el centro del debate económico europeo. El reciente repunte del petróleo, vinculado a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio, ha devuelto el precio de los carburantes a niveles cercanos o superiores a los dos euros por litro en varias economías del continente, reabriendo la discusión sobre el coste de la movilidad.
En este contexto, Solunion, la compañía de seguros de crédito y de caución, y de servicios para la gestión del riesgo comercial, analiza los datos del último informe sobre automoción publicado por Allianz Trade, uno de sus accionistas, que apunta a un cambio relevante en la reacción del mercado. A diferencia de crisis anteriores, la actual volatilidad energética no está frenando la transición, sino que está actuando como un catalizador del vehículo eléctrico en Europa.
Los datos del primer trimestre de 2026 confirman un punto de inflexión. Tras un 2025 especialmente débil para el sector, la cuota de mercado de los vehículos eléctricos puros alcanzó el 19% en la Unión Europea, cuatro puntos porcentuales más que en el mismo periodo del año anterior. Francia y Alemania lideran el avance, con cuotas del 28% y el 23%, respectivamente, mientras que otros mercados, entre los que se cuenta España, evolucionan a un ritmo más moderado.
El precio de la energía como catalizador del vehículo eléctrico en Europa
El detonante inmediato ha sido el encarecimiento del crudo. La reciente subida de alrededor del 30% del Brent, vinculada a la crisis en Oriente Medio, ha devuelto los precios del combustible a niveles que no se veían desde el impacto energético tras el estallido de la guerra de Ucrania.
“En economías europeas estructuralmente dependientes de la importación de energía, este tipo de episodios tiene un impacto directo sobre el bolsillo del consumidor y, con él, sobre sus decisiones de compra”, explica Vincent Pérez, Responsable de Análisis de Crédito de Solunion España.
A mayor precio del combustible, mayor atractivo relativo del coche eléctrico. El diferencial de costes energéticos entre un vehículo de combustión y un vehículo eléctrico en Europa se ha ampliado hasta niveles históricamente elevados: con precios en torno a dos euros por litro, el gasto anual en energía de un coche tradicional es entre siete y ocho veces superior al de un eléctrico equivalente. Incluso antes de que se diera este contexto, el multiplicador ya se situaba entre cinco y siete veces.
Traducido a renta disponible, según los datos de Allianz Trade, esto supone una ganancia de poder adquisitivo del 4%-5% para el conductor medio en Europa occidental, una cifra nada desdeñable en un contexto de inflación persistente.
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España: retraso estructural y oportunidades en el horizonte
España aparece en el informe como uno de los grandes mercados con un menor ritmo de adopción del vehículo eléctrico en Europa. En el primer trimestre de 2026, la cuota de los vehículos eléctricos se situó en torno al 9%, dos puntos más frente a 2025, pero muy por debajo de Alemania, Francia o los países nórdicos.
Como Solunion indicaba en su reciente flash sectorial sobre el sector del automóvil en España, hasta el momento, la principal debilidad para el mercado del coche eléctrico residía en la ausencia de fabricantes y centros de decisión operando en el país. “Sin embargo, las recientes noticias sobre el interés de varios fabricantes chinos en la apertura de fábricas en España, como el mostrado por SAIC Motor en Galicia o Changan Motors en Aragón, podrían cambiar totalmente el contexto”, afirma el Responsable de Análisis de Crédito de Solunion.
A ello se une el aumento del coste de uso del automóvil, que se ha convertido en una carga financiera real para los hogares europeos, y que ayudaría a inclinar la balanza hacia el vehículo eléctrico en Europa. Actualmente, los gastos asociados al coche tradicional, excluyendo la compra, (combustible, mantenimiento y seguros) absorben entre el 7% y el 8% de la renta disponible en países como Francia y Alemania, porcentaje que sube hasta el 11% en los hogares de menor renta. España no es una excepción a esta tendencia, que se acentúa en las periferias urbanas y zonas rurales, donde la dependencia del vehículo privado es mayor.
Para España, el mensaje es doble: por un lado, el retraso actual implica margen de crecimiento y la posibilidad de aprender de la experiencia de otros países; por otro, no acelerar el ritmo puede traducirse en una pérdida de competitividad industrial y en mayores costes para los hogares.
Infraestructuras y red eléctrica, son los principales desafíos para el vehículo eléctrico en Europa
Si hay un freno claro al avance del coche eléctrico en Europa, y especialmente en España, es la infraestructura. A cierre del primer trimestre de 2026, la Unión Europea contaba con 1,1 millones de puntos de recarga, lejos del objetivo de 3,5 millones en 2030 fijado por la Comisión Europea. Además, solo el 16% son cargadores ultrarrápidos, los más eficaces para reducir las preocupaciones acerca de la autonomía que, según diferentes encuestas, pesa más que el precio a la hora de adquirir un vehículo.
La distribución es otro problema: cuatro países concentran cerca del 65% de los puntos de recarga, mientras amplias zonas rurales siguen desatendidas. “Para España, con una geografía extensa y una fuerte movilidad interurbana, este déficit es especialmente relevante”, indica Pérez.
A ello se suma una competencia inesperada por la capacidad de la red: la expansión de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. El consumo eléctrico de estos centros en la Unión Europea podría pasar de 70 TWh en 2024 a 115 TWh en 2030, lo que presiona una red que ya debe absorber la transformación del vehículo eléctrico en Europa.
