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El pánico al desabastecimiento agrava los cuellos de botella en la cadena de suministro

Pánico al desabastecimiento

El desabastecimiento de materias primas y productos que está azotando al comercio internacional ha provocado un profundo alarmismo entre la industria y el sector del retail.

En previsión de que la campaña navideña pueda verse afectada, los responsables de compras llevan meses anticipando sus pedidos, e incrementando el volumen de estos, incluso por encima de sus necesidades reales.

Lamentablemente, esta medida está agudizando el desabastecimiento, debido a la presencia de cuellos de botella que paralizan la cadena de suministro.

Concentración de la demanda en los suministradores chinos

Para empezar, es necesario comprender que la pandemia del coronavirus provocó una concentración de la demanda en los suministradores de China.

Mientras otros países productores aún se encontraban lidiando con la emergencia sanitaria, el gigante asiático volvió a recuperar la actividad de sus puertos.

Esta circunstancia obligó a los importadores a reconducir su estrategia de abastecimiento al mercado chino que, ya de por sí, está detrás de gran parte de la producción global.

Encarecimiento energético

China ha comenzado a adoptar drásticas medidas para reducir las emisiones de carbono. Esto ha dado lugar al racionamiento energético en el país, así como el encarecimiento de la electricidad hasta máximos históricos.

A estas medidas hay que añadir el hecho de que los precios del gas natural y el petróleo se han incrementado notablemente en el mercado internacional.

Los países del hemisferio norte están enfrascados en una guerra de ofertas con los países asiáticos, con el fin de reabastecer sus reservas de combustible, agotadas tras el pasado invierno.

La consecuencia directa para la cadena de suministro es que la producción se ve constantemente interrumpida en las fábricas chinas, cuyo producto, además, se ha visto encarecido.

Falta de mano de obra portuaria y en el transporte

Esta circunstancia tiene dos variantes diferenciadas.

Por un lado, el gobierno chino ha establecido extremadas medidas de confinamiento para sus trabajadores portuarios y marineros. El resultado es que los empleados deben permanecer 21 días confinados, por cada dos semanas de trabajo, en puertos clave como el de la provincia de Guandong.

El confinamiento de la mano de obra retrasa el despacho de los envíos, y sobrecarga de trabajo los puertos chinos.

Por otro lado, asistimos a un problema estructural en los países occidentales: el sector del transporte ha perdido atractivo para gran parte de la población activa.

De acuerdo con los datos de la CEOE, faltan alrededor de 10.000 camioneros en España, para abastecer las necesidades de transporte.

Esto provoca una circunstancia que se repite en puertos de todo Occidente. 

Las mercancías se acumulan, debido a la ausencia de camiones, para trasladarlas al destino final.

Ante esta coyuntura, los puertos se ven obligados a denegar el acceso de nuevos buques, lo cual impide la descarga de la mercancía y paraliza la flota mercante.

Incremento de precios del flete y parálisis de la flota

La paralización del comercio internacional durante buena parte de 2020 propició que las navieras redujeran el volumen de su flota.

Como consecuencia, una vez recuperada la demanda, el precio del flete ha llegado a incrementarse en un 700% en solo un año, de acuerdo con el departamento de Logística Comercial del organismo de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés).

A esta circunstancia, hay que añadir que los exportadores chinos llevaron a cabo una intensa campaña de recuperación de pedidos, adquiriendo compromisos de largo plazo y gran volumen.

Ahora, estos mismos exportadores contratan el regreso de los buques vacíos a los puertos chinos, para acortar los plazos y cumplir con sus obligaciones contractuales.

Si a eso sumamos la paralización de parte de la flota en los puertos de destino, se evidencia una pesadilla logística, cuya resolución difícilmente tendrá lugar en el corto plazo.

Además del encarecimiento del transporte, la duración del mismo se ha multiplicado.

En condiciones normales, el viaje de un contenedor desde China a Estados Unidos o Europa acarrearía dos semanas. Sin embargo, en las presentes circunstancias, este trayecto se demora hasta los 70 días.

Dadas las circunstancias, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó recientemente sus previsiones de crecimiento del PIB mundial.

En el caso de España, el organismo ha augurado un crecimiento del 5,7%, para el presente ejercicio.

Actualidad Solunion

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