gestión sanitaria

La pandemia de COVID-19 no solo ha dado lugar a una crisis sanitaria sin precedentes, sino que también ha propiciado un importante debate en torno a la utilidad del big data.

Los países asiáticos que han digitalizado la gestión sanitaria valiéndose de esta tecnología, están teniendo más éxito en el control de la epidemia que Europa y Estados Unidos.

Sin embargo, el almacenamiento y explotación de datos de carácter personal constituyen un área especialmente sensible. De hecho, durante los últimos años, Europa se ha convertido en la gran abanderada de la protección de esta información.
En este artículo, vamos a analizar el uso que unos y otros están haciendo de esta tecnología, la oportunidad que esta supone y, por supuesto, el debate respecto a su conveniencia.

Nivel de despliegue del big data en la sanidad española

Cada año, la Sociedad Española de Informática de la Salud (SEIS), elabora un índice en colaboración con los responsables de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas, de los profesionales del Ministerio de Sanidad, de Servicios Sociales e Igualdad y de la entidad pública empresarial Red.es.
Se trata del denominado “Índice SEIS”, un documento que revela que la inversión en TIC por parte del sistema nacional de salud se contrajo casi un 3% en 2019. Esto significa una caída de 21 millones de euros en la inversión en TIC, que pasa a representar el 1,16% del total.[MCMF1]
Esta reducción supuso un cambio en la tendencia de los últimos años. De hecho, en 2018 se había experimentado un aumento del 8% en la inversión.

Uso del big data en Asia para el control de la pandemia

Desde el comienzo de la epidemia, los países de todo el mundo han implementado diversas medidas de prevención y contención:

  • Cierre de espacios públicos y prohibición de eventos sociales o aglomeraciones semejantes.
  • Campañas de concienciación pública en los medios de comunicación.
  • Confinamiento de la población.
  • Seguimiento y adopción de medidas personalizadas, mediante el uso del big data.

Las dos últimas medidas parecen ser las más eficaces. Sin embargo, su aplicación ha sido muy dispar.

Europa y Estados Unidos han optado por la aplicación intensiva del confinamiento de su población; mientras que Japón, Corea del Sur, Taiwán o Singapur han focalizado sus esfuerzos en el uso del big data.
Por su lado, China, epicentro de la epidemia, llevó a cabo un férreo confinamiento de la población de Wuhan. No obstante, también ha hecho un uso intensivo del big data.
Dicho esto, conviene distinguir entre la eficacia del big data, y la conveniencia de su aplicación desde el punto de vista del derecho a la privacidad.

Utilización y eficacia del big data

Las medidas desplegadas por los países asiáticos implican la gestión del big data, para hacer un seguimiento de la población a nivel individual.
Se ha procedido a cruzar los datos de geolocalización móvil de cada individuo, con toda la información disponible en torno a la epidemia, así como con los sistemas de videovigilancia pública y reconocimiento facial, notablemente extendidos en China.
Así, es posible identificar qué personas pueden haber estado expuestas a la infección del coronavirus, y establecer medidas de contención y confinamiento personalizadas.
Por ejemplo, mediante el uso de una aplicación móvil, cada persona recibe notificaciones con información útil; desde advertencias acerca de determinados lugares cercanos en los que se ha detectado un foco de infección, hasta medidas de cuarentena personalizadas.

Big data y derecho a la privacidad

Es evidente que la cultura colectivista y autoritaria más propia de los países asiáticos ha facilitado el despliegue de las medidas de control a través de la digitalización y monitorización de los datos personales de la población.
Es decir, no existe crítica frente a la vigilancia digital llevada a cabo por el estado. China es el caso más llamativo, dado que no hay limitaciones al acceso por parte de las autoridades a los datos atesorados por los proveedores de internet y telefonía móvil.
A priori, esta forma de proceder parece inconcebible en Occidente, donde el derecho al honor y a la intimidad, así como a la protección de los datos de carácter personal están fuertemente arraigados.
Sin embargo, es probable que debido a la crisis sanitaria actual, tenga lugar un debate en torno a la conveniencia y la mejor forma de, respetando el derecho al honor y a la intimidad, y a la protección de los datos de carácter personal, valerse del big data, como herramienta para la gestión sanitaria, .

Más concretamente, en España, la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha publicado recientemente varios recursos que abordan cómo compaginar la protección de datos en el contexto de la gestión sanitaria.

Concretamente, en aplicación de lo establecido en la normativa sanitaria, laboral y, en particular, de prevención de riesgos laborales, la AEPD reconoce que, por ejemplo, los empleadores podrán tratar, de acuerdo con dicha normativa y con las garantías que establecen, los datos del personal necesarios para garantizar su salud y adoptar las medidas necesarias por las autoridades competentes. Lo que incluye igualmente asegurar el derecho a la protección de la salud del resto del personal y evitar los contagios en el seno de la empresa y/o centros de trabajo que puedan propagar la enfermedad al conjunto de la población.

Así, la empresa podrá conocer si la persona trabajadora está infectada o no, para diseñar a través de su servicio de prevención los planes de contingencia que sean necesarios, o que hayan sido previstos por las autoridades sanitarias. Esa información también puede ser obtenida mediante preguntas al personal. Sin embargo, las preguntas deberían limitarse exclusivamente a indagar sobre la existencia de síntomas, o si la persona trabajadora ha sido diagnosticada como contagiada, o sujeta a cuarentena. Por ejemplo, resultaría contrario al principio de minimización de datos la circulación de cuestionarios de salud extensos y detallados, o que incluyan preguntas no relacionadas con la enfermedad.[ZVM2]

Oportunidad del big data en la gestión sanitaria

Por último, vale la pena destacar las posibilidades que esta tecnología ofrece en la gestión sanitaria de la pandemia.

  • En primer lugar, es posible llevar a cabo estudios agregados de la movilidad de los individuos, con datos anonimizados. De esa forma, se puede hacer un seguimiento del estado de alarma y analizar el movimiento de la población en diversas zonas geográficas.
  • También es posible optimizar el uso de los canales de emergencia, identificando aquellos que estén infrautilizados y sobredimensionados, así como aquellos que se encuentren saturados.
  • Finalmente, se pueden llevar a cabo análisis predictivos acerca de la evolución de la epidemia, con el fin de planificar la aplicación de medidas en el momento adecuado.

Todas estas posibilidades que ofrece la tecnología, habrán de ponderarse en función del interés público al que deben servir, y adecuarse a la legislación sobre protección de datos de cada país, de modo que se lleve a cabo el adecuado juicio de proporcionalidad entre dicho interés público – la gestión sanitaria- y el derecho a la intimidad y a la protección de datos de carácter personal.

En definitiva, el big data es una herramienta que, con una utilización adecuada, puede contribuir a mejorar la gestión de la crisis sanitaria, ahorrar recursos y, en último término, salvar vidas.