De acuerdo con los datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, las exportaciones españolas han evolucionado a ritmo de récord a lo largo de los últimos años.

No en vano, el ejercicio pasado se cerró con un máximo histórico de facturación de 285.023 millones de euros.

Sin embargo, esta actividad comercial presenta un importante desajuste, cuya corrección podría beneficiar notablemente a la economía española.

Según el informe “La Competitividad española en las cadenas de valor globales”, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), España genera menos empleo de alta cualificación a partir de sus exportaciones que los principales países europeos.

Esto es debido a que la participación española en las cadenas de producción globales se centra en tareas de menor valor.

Revertir esta situación podría suponer la generación de empleos de mayor cualificación y, a su vez, retener mayor riqueza en el país.

Las exportaciones españolas aportan menos valor añadido que las de los competidores europeos


El citado informe destaca que la participación de trabajos cualificados en la producción española destinada a exportar se sitúa en el 26%. Por tanto, hay un amplio margen de mejora con respecto a países como Reino Unido, Francia o Alemania, que aportan entre el 33% y el 35% de mano de obra de alta cualificación a los procesos productivos ligados al comercio internacional.

Para entender la raíz del problema, conviene tener presente que las cadenas de producción se han internacionalizado con el paso de los años. Actualmente, el producto final es el resultado de múltiples intercambios comerciales de las distintas piezas que son objeto de ensamblado.

Ahora bien, el mayor valor añadido se produce en aquellos países en los que se incorpora más conocimiento y tecnología, lo que se traduce en puestos de trabajo de mayor cualificación, así como mayores salarios.

El principal desafío de la economía española es llevar a cabo una transición desde un modelo puramente manufacturero, a aquel en el que la actividad productiva esté ligada a la alta cualificación.

Este cambio no sólo supondrá un incremento en los salarios de los empleados, sino también una mayor protección frente al efecto de la automatización y la transformación digital en la mano de obra de baja cualificación.

Oportunidades de generación de empleo de alta cualificación con las exportaciones


España necesita volcarse en actividades productivas de mayor valor añadido. Para ello, cuenta con un  tejido industrial y empresarial con sobrada experiencia internacional y está dotado con las infraestructuras logísticas necesarias

El mencionado informe propone una serie de medidas destinadas a estimular el uso de estos recursos.

Propiciar mejoras del marco económico, legal y productivo


Presentar unas finanzas públicas saneadas aporta tranquilidad y atractivo a los inversores internacionales.

No obstante, a esto hay que añadir un marco regulador que facilite la actividad empresarial; así como una infraestructura especializada y dotada con los recursos necesarios para la actividad productiva.

Fortalecer la inversión en formación de los recursos humanos


Evidentemente, también se debe propiciar el reciclaje y la formación de los empleados; así como la de los emprendedores encargados de concebir y liderar los nuevos proyectos de innovación y las actividades productivas de mayor valor añadido.

Apostar por la innovación y la sostenibilidad


Para lograr adaptarse a los avances propuestos por los líderes de la cadena de producción, las empresas españolas deben ser capaces de absorber el nuevo conocimiento rápidamente.

Para ello, deben participar activamente en las redes en las que están integradas, y fomentar programas de innovación.

Fortalecer las asociaciones empresariales


Muchos sectores productivos nacionales aún presentan una importante fragmentación. Las empresas españolas necesitan apostar por una visión de futuro más integrada y colaborativa.

De esa manera, podrán ser más eficientes, y adaptarse mejor tanto a las normativas internacionales, como a los requerimientos de las cadenas de valor globales.

Potenciar la inserción de las empresas locales en las cadenas de valor globales


Empresas, administración pública y asociaciones empresariales deben hacer un frente común. Esta union  facilitará que las empresas locales reúnan los requisitos y alcancen la competitividad necesaria para integrarse en las cadenas de valor internacionales.

Atender a los elementos culturales e institucionales que condicionan el progreso


Por último, hay que hacer frente a los cambios culturales que están teniendo lugar en nuestra sociedad.

Cuestiones como el cambio climático, la sostenibilidad y la inclusión social están influyendo en los consumidores y, por ende, en el propio legislador.

En este sentido, los reguladores nacionales e internacionales han de esforzarse en crear marcos reguladores homogéneos que aporten estabilidad y equilibrio, y respondan a la demanda social.