La alimentación es el primer sector industrial del país por cifra de negocio, peso en el empleo y relevancia exportadora. En 2024 alcanzó una facturación de 178.923 millones de euros y dio trabajo a 561.700 personas. También representa el 25,7% de toda la industria manufacturera y cerca del 2,3% del PIB, con un valor añadido bruto de 25.741 millones de euros.
Cifras generales de la Industria Alimentaria Española
De acuerdo con cifras de Mercasa y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), la industria registró unos 93.000 millones de euros en producción de alimentos y bebidas en 2015. En 2019 superó los 124.000 millones y en 2020 continuó creciendo a pesar de la pandemia. Ya en 2024 alcanzó los 178.923 millones.
El empleo también ha mostrado una tendencia positiva. En 2015 trabajaban en el sector 479.770 personas, mientras que actualmente ya supera las 561.700.
La revolución exportadora
En 2015, el valor exportado rondaba los 25.000 millones de euros. Actualmente, ha superado los 71.785 millones. La tasa de cobertura también ha mejorado tras pasar de alrededor del 120% en 2015 al 138% en 2024.
El sector ha aumentado su competitividad y ha consolidado un superávit comercial que no ha dejado de crecer. Los informes de MAPA y Mercasa identifican varios productos como impulsores del crecimiento exportador:
- Aceite de oliva: 6.580 millones de euros.
- Carne de porcino: 6.099 millones de euros.
- Vino: 2.978 millones de euros.
Además, los alimentos transformados como conservas vegetales y la alimentación animal también han ganado un gran protagonismo.
Cambios en el consumo: del hogar a la omnicanalidad
En 2015, el gasto en los hogares se concentraba en carne (22,9%), leche y lácteos (12,3%), pescado (13,5%) y frutas y hortalizas (17%). En la actualidad, estas categorías mantienen su peso, aunque con variaciones: la carne ha bajado al 19,8%, el pescado al 11,4%, mientras que los platos preparados han subido al 5% del gasto. Por su parte, las frutas y hortalizas frescas se mantienen estables en torno al 17%.
El cárnico lidera la facturación con 41.337 millones de euros, seguido de las bebidas (24.267 millones), los aceites y grasas (16.194 millones) y la alimentación animal (19.988 millones). Estos subsectores representan cerca de tres cuartas partes del total.
En conclusión, la estructura general se ha mantenido, pero las preferencias se están desplazando hacia productos de conveniencia.
Lectura recomendada:
Inflación alimentaria y caída del volumen consumido
El gasto total en alimentación ha aumentado de 99.037 millones de euros en 2015 a 115.917 millones en 2023. Sin embargo, el volumen consumido se redujo un 0,4% en los hogares y un 2,5% en el canal de restauración en 2023. Esta diferencia confirma que se paga más por una cantidad similar o incluso menor de producto, debido al incremento de precios.
Ascenso del supermercado y consolidación del canal online
El supermercado es el canal dominante. En 2015 representaba el 44% del gasto del hogar, en 2019 ya era el 60,3% y en 2024 alcanzó el 62,2%.
Por su parte, el comercio online también ha ganado presencia. En 2015 suponía el 0,8% y en 2019 llegó a crecer a tasas superiores al 18%. Desde entonces se ha consolidado como opción habitual para determinados productos.
Un tejido empresarial que se concentra, pero sigue hiperatomizado
Las cifras muestran una ligera reducción del número de empresas alimentarias con el paso de los años. En 2020 había 30.260 empresas activas y en 2024 la cifra descendió a 27.896.
No obstante, a pesar de esta caída, el tipo de empresa continúa siendo el mismo. El 96,1% de las empresas tiene menos de 50 empleados y el 77,3% menos de 10. Cabe señalar que esta situación condiciona la capacidad de inversión, digitalización y expansión exterior.
En resumen, los datos muestran una industria alimentaria más grande y con mayor peso exportador, con un saldo comercial de 19.785 millones de euros en 2024. La creciente demanda exterior, la necesidad de trazabilidad y el avance tecnológico ofrecen oportunidades para escalar y diferenciarse. El desafío está en aprovechar un entorno que valora la calidad, la eficiencia y la capacidad de responder a cambios rápidos en precios y consumo.
